Describimos la experiencia personal de haber asistido al I Congreso de Pedagogía y Aplicaciones Sociales del Ajedrez que se celebró del 25 al 29 de junio de 2013 en Buitrago de Lozoya. El resumen del resumen del resumen sería simple: fue una experiencia maravillosa, un auténtico lujo, tanto por la excelencia de las ponencias como por la calidad humana allí presente: incluyo a los ponentes y también a los asistentes, por qué no decirlo. Sin caer en maximalismos ni en la fácil grandilocuencia, puedo afirmar sin pudor que el Congreso de Buitrago será recordado como la gran referencia mundial del ajedrez y sus aplicaciones pedagógicas y sociales.

Como no quiero aburrriros ni tender trampa alguna al escaso tiempo del que disponéis, ya os aviso que las próximas entradas del blog serán intensas y a veces extensas. Sin embargo, para aligerar la densidad de palabras, no escribiré una cronología pormenorizada del Congreso, sino que repasaré los momentos, a mi juicio, más interesantes del mismo. Si no te encuentras con ánimo mientras estas leyendo esta introducción, déjalo mejor para otro día, pero si estás interesado y con ganas de aprender, prometo no defraudar.

Con el gran Leontxo García

Empecemos por la primera entrega. El  filósofo, investigador, pedagógo y reconocido sociólogo José Antonio Marina nos habló de La inteligencia y el ajedrez. Explicó con suma claridad qué es la inteligencia ejecutiva, que viene a ser aquella inteligencia que dirige y decide todos los procesos de evaluación del cerebro. Diferenciamos así entre dos tipos de inteligencia, que bien pueden imaginarse como dos pisos o niveles dentro de nuestro cerebro: abajo, la inteligencia generadora; y arriba, la inteligencia ejecutiva.

Funciones ejecutivas

En el piso de abajo encontramos las ideas, los sentimientos, los impulsos, las imaginaciones que todos vamos generando… En palabras de Marina, “se trata de la sala de máquinas” del cerebro, una sala de máquinas que nunca para y que envía información de forma constante al piso de arriba para su procesamiento. Desde este nivel superior, a través de la inteligencia ejecutiva, es desde donde cada persona ordena, selecciona, decide y ejecuta todas las operaciones mentales que le vienen dadas desde el piso inferior. Para mayor claridad, un ejemplo: la habilidad en la toma de decisiones de cada persona se pone en marcha en este sistema superior y consciente.

Otra cuestión relacionada con lo anterior es la siguiente: a diferencia de la inteligencia artifical, la inteligencia humana es experta en reconocer patrones, es decir, podemos procesar mucha información y en muy poco tiempo si esta información nos viene dada a través de unos patrones que ya reconocemos de un modo automático gracias a nuestra experiencia previa. Aquí por tanto estamos en el nivel inferior, no procesamos, sino que activamos el piloto automático. Existen innumerables ejemplos cotidianos de reconocimiento de patrones: si vas conduciendo y ves pasar una pelota delante de tu vehículo, automáticamente frenas y esperas ver a algún chico que intenta cruzar por el lado desde donde vino la pelota. Esto es importante que sea así porque mediante el reconocimiento de patrones ahorramos mucha energía y “reservamos” la atención para otras situaciones.

 Dicho lo anterior hagámosnos la siguiente pregunta: ¿y si nos esforzáramos en desarrollar y potenciar nuesta inteligencia ejecutiva? Es decir, si nuestra capacidad para planificar, para establecer metas, para solucionar conflictos, para decidir de forma correcta (tanto individual como socialmente), para valorar y para también actuar depende de nuestra habilidad ejecutiva, parece de sentido común que favorezcamos el desarrollo de esta inteligencia.
Además, y esto es lo que me pareció más interesante de la ponencia de Marina, las llamadas funciones ejecutivas están “instaladas” en el lóbulo frontal de nuestro cerebro, están relacionadas por tanto con la afectividad del individuo y tienen un desarrollo muy temprano. Nos referimos a las edades de crecimiento, a las etapas del aprendizaje. He estado leyendo sobre este campo del conocimiento y de la neurociencia y me encuentro con algo sorprendente: algunos autores (de Luca, Anderson, Northam, entre otros) defienden que la capacidad de un niño para seguir unas reglas en tareas de clasificación y para cambiar de una categoría a otra (flexibilidad cognoscitiva) está presente en los años preescolares, pero que se consolida alrededor de los 6 años de edad y ¡adquiere un nivel adulto hacia los 10 años!
Por lo tanto, yo concluyo: 
si aplicamos nuestros esfuerzos educativos y sociales a potenciar las funciones ejecutivas de nuestros hijos, estaremos ayudándoles a pensar de un modo más eficiente, a planificar y valorar la información de la que disponen, a manejar sus impulsos, a comprender mejor el complejo mundo que les rodea y a mejorar sus relaciones socio-afectivas con su entorno. Serán personas más inteligentes y capaces. O lo que es lo mismo:  serán mejores personas.
  
¿Y qué papel juega el ajedrez en todo esto?, preguntaréis algunos. Pues, en palabras de Marina, “el ajedrez, pedagógicamente orientado, puede mejorar muchísmo la inteligencia”. El ajedrez se presenta como una herramienta ideal para la estimulación cognitiva de quien lo practica.
Clase de ajedrez con los chicos de “El Pollito Inglés”
Si repasamos solo algunas de las funciones ejecutivas básicas, veremos claramente la aplicación educativa del AJEDREZ en el desarrollo de las mismas.
  • Activación cognitiva. No todo el mundo “activa” pronto y bien su capacidad de atención. Con la práctica del ajedrez se ayuda de un modo directo al desarrollo de esta habilidad.
  • Inhibición de la respuesta impulsiva. En el ajedrez se inhiben contínuamente todos los impulsos, toda información que proviene de la inteligencia generadora. Primero hay que valorar la información, luego establecer un plan y después ejecutarlo.
  • Memoria de trabajo. Explicada con sencillez, la memoria de trabajo sería la capacidad de activación de nuestra memoria para la comprensión de cualquier información. Los ajedrecistas utilizan muchísima memoria de trabajo durante una partida.
Teresa y Paco antes de una partida. El respeto siempre presente
  • Planificación y organización de metas. Algo muy evidente para todo aquel que comprenda los conceptos estratégicos más fundamentales del ajedrez. Todo jugador debe tener un objetivo a largo plazo, un qué quiero hacer, una estrageia. El modo de llevarlo a cabo constituye la táctica, el cómo voy a hacerlo. El contínuo juego entre corto y largo plazo requiere una mínima organización y trabajo mental.
  • Metacognición. Marina explicaba con un ejemplo que “no es lo mismo que un niño sepa lo que está haciendo a que no lo sepa. No es igual por tanto decirle ponte a dibujar que dime qué vas a dibujar“. En la enseñanza del ajedrez se motiva y potencia la metacognición de un modo natural y lúdico: ¿qué jugadas crees que hará tu rival? ¿Qué harás tú entonces? 

 

Aquí con José Antonio Marina
Antes de acabar, hay que saber que el ajedrez se ha convertido en un campo de experimentación de increible utilidad para la neuropsicología y la ciencia. Tanto es así que en la actualidad se están desarrollando estudios muy rigurosos con ajedrecistas aficionados, por un lado, y con jugadores profesionales del más alto nivel, por otro; todo ello con el propósito de comprender qué zonas del cerebro se activan en unos y otros y qué diferencias subyacen en los modelos de pensamiento de ambos grupos de personas. Estaremos atentos a estos avances…
La próxima entrega de esta crónica por fascículos la dedicaré a enseñaros la aplaudida, notable y eficaz labor que mi amigo Juan Antonio Montero, presidente del club Linex-Magic Extremadura, está realizando a través del ajedrez y su uso terapéutico en cárceles, centro de drogodepencias o talleres ocupacionales para desempleados, entre otras muchas cosas. No os adelanto nada si os digo que fueron unas ponencias inolvidables y de un valor social digno de elogio.
¡Hasta la próxima!
Para más información sobre el Congreso pueden visitar su página oficial http://www.chesshelpsyouthink.com/